Salvador Pinaquy Ducasse fue un pionero de la modernización industrial en Pamplona al transformar el molino de Caparroso en fundición y fabricar elementos urbanos e infraestructuras clave. Su acción más recordada tuvo lugar en 1874, durante el asedio carlista, cuando ideó un sistema para restablecer el suministro de agua a la ciudad. Su legado perdura en mobiliario urbano, fuentes y en la memoria de Pamplona
Salvador Pinaquy Ducasse (Baiona, 27 de septiembre de 1817) fundó en 1850 la sociedad “Salvador Pinaquy y Compañía”, transformando el histórico molino de Caparroso en una moderna fundición. Allí se fabricaron tapas de alcantarillado, rejas, mecanismos para puertas monumentales, columnas de hierro y maquinaria para la modernización del campo navarro. Con todo, su acción más recordada tuvo lugar durante el asedio carlista de 1874, cuando Pamplona quedó sin agua por el corte del acueducto de Noáin. Pinaquy localizó un manantial junto al molino de Caparroso e ideó un sistema para elevar el agua hasta la ciudad, restableciendo el suministro el 6 de noviembre de 1874. Este hecho fue celebrado con gran júbilo popular, y le valió una medalla con la inscripción “Dio de beber al sediento”.
Trasladó su fundición a la calle Mayor en 1885, donde trabajó hasta su fallecimiento en 1890, a los 73 años. Su cuñado Martín Sancena continuó el negocio, que evolucionó hacia la fabricación de mobiliario urbano, dejando huella en el paisaje de Pamplona con elementos como bancos y las icónicas fuentes del león. Hoy en día, el legado de Salvador Pinaquy permanece como símbolo de ingenio y servicio público, y su nombre está ligado de forma indeleble a la historia industrial, tecnológica y humanitaria de la ciudad.
