El paso del Camino convirtió a Pamplona, primera gran ciudad tras Roncesvalles, en un centro de intercambio cultural, económico y espiritual desde el siglo XI. Propició la creación de los burgos de San Cernin y San Nicolás, cuya unificación en 1423 dio origen a la ciudad moderna. Su influencia marcó la identidad y el desarrollo histórico de la capital navarra.

Situada en pleno Camino a Compostela, Pamplona ha sido durante más de mil años la primera gran ciudad del peregrinaje tras cruzar Roncesvalles. Su paso por la ciudad condicionó de manera decisiva la historia, el urbanismo y el carácter de la capital navarra. A finales del siglo XI, la llegada de peregrinos y, especialmente, de francos favoreció la fundación de los burgos de San Cernin y San Nicolás junto al núcleo de la Navarrería, con sus propias leyes, lenguas y costumbres. Aquella diversidad fue fuente de conflictos hasta que en 1423 Carlos III promulgó el Privilegio de la Unión, unificando los tres barrios en la ciudad moderna.
El Camino supuso, además, una vía fundamental de comunicación y comercio con Europa, generó una pujante burguesía mercantil y artesanal, y dejó un profundo legado cultural y espiritual. Pamplona se convirtió así en un punto de encuentro entre pueblos y tradiciones, y hoy sigue recibiendo caminantes de todo el mundo que, además de cumplir con su itinerario, encuentran en la ciudad hospitalidad y un inmenso patrimonio histórico artístico relacionado con la ruta jacobea.