Recorrido histórico en 6 actos
Esa referencialidad se constata también cuando a partir de 824 la ciudad se convierte en capital del Estado de Navarra, que no en vano en sus primeros siglos de existencia se denominó Reino de Pamplona.
En torno al siglo XII, con el auge del Camino de Santiago, al abrigo de este primer núcleo de raigambre vasco-romana se sumarán dos «burgos», poblaciones amuralladas habitadas por «francos» de origen norpirenaico. Son «el Burgo» de San Cernin y «la Población» de San Nicolás.
Estos burgos vivían de la actividad económica derivada de la ruta jacobea, y las relaciones entre ellos y con la primitiva «civitas» romana, llamada ahora Navarrería, serán muy malas. Los enfrentamientos alcanzarán su clímax en 1276, cuando San Cernin y San Nicolás, coaligados, arrasarán la Navarrería, en lo que se llamó la Guerra de los Burgos. La Navarrería permaneció mucho tiempo destruida, y solo tras cuatro décadas de abandono volverá a ser habitada, de manera lenta y progresiva.
Tras la negra época de las guerras civiles entre beaumonteses y agramonteses, bajo el reinado de Catalina I y Juan de Albret volvió la estabilidad. Es el momento en el que Pamplona, capital de un reino pequeño pero solvente, se prepara para entrar en el Renacimiento. La invasión castellana de 1512 y los posteriores 18 años de guerra, arruinan este sueño.
Pamplona se encuentra ya en paz para el año 1507. Es una ciudad plenamente unida bajo un único municipio, y para 1486 tiene ya su nueva Casa de la Jurería (Consistorial). Se ha dotado de una catedral de rango europeo, con el claustro más bello del gótico, y es sede de las principales instituciones del reino: Real Chancillería, Consejo Real, Cortes y Diputación del Reino. Gracias al impulso dado al Humanismo con Catalina I y Juan de Albret ve como para 1490 se abre en sus calles una imprenta, tan solo 50 años después de que fuera inventada por el alemán Gutenberg, y en 1499 se crea un Estudio de Gramática, antecedente de las futuras universidades, donde se enseña Gramática, Latín, Arte y Filosofía.
Con todo, este magnífico sueño será arruinado por la invasión de 1512 y los posteriores 18 años de guerra que, arrinconando para siempre el proyecto de convertirse en una brillante capital europea, harán de Pamplona una plaza militar periférica, encerrada entre murallas para defender al imperio de los embates de los franceses.
En los 4 siglos que van desde la conquista y hasta principios del siglo XX, lo único que se construirá en Pamplona a escala europea es el impresionante cinturón de murallas, que encerrará y ahogará el crecimiento de la ciudad hasta que, a partir de 1915, la ciudad resurge.
Tan solo algunos chispazos aislados, producidos sobre todo en lo que Caro Baroja llamó «la hora navarra del XVIII», alivian algo aquel periodo oscuro: la construcción de algunos palacios tardobarrocos, el adoquinado y alcantarillado dieciochesco de las calles, la traída de aguas de Subiza a las fuentes de Pamplona en 1790, el Primer Ensanche de 1888, que hubo de construirse aún dentro de las murallas... y poco más.
Será a partir de 1915 cuando el Ramo de Guerra español afloje la prohibición de construir más allá de las murallas y, entonces sí, Pamplona se desparramará por los despoblados alrededores, la antigua terra nullius batida por los cañones de las murallas, dando lugar a la ciudad que todas y todos hemos conocido.
De entrada, el llamado Segundo Ensanche, dibujado por Serapio Esparza en 1916, del que se dijo que era desmesurado para Pamplona y, que sin embargo, se colmató en unas pocas décadas. Y posteriormente el conocido como Tercer Ensanche, con los nuevos desarrollos de la segunda mitad del siglo XX.
PAMPLONA, CON NOMBRE PROPIO
