Fue uno de los violinistas más célebres del siglo XIX, reconocido en los principales escenarios de Europa, América y Asia por su virtuosismo y elegancia. Mantuvo siempre un estrecho vínculo con su ciudad natal, Pamplona, a la que legó parte de sus bienes y colecciones. Nombrado Hijo Predilecto en 1900, su legado perdura hoy en la ciudad

Nacido en Pamplona, Pablo Sarasate fue uno de los violinistas más destacados del siglo XIX, con una proyección internacional comparable a la de los más grandes intérpretes de su época. Desde niño mostró un talento extraordinario, por lo que se le concedió una beca para estudiar en el Conservatorio de París. Su virtuosismo, elegancia técnica y sensibilidad musical lo llevaron a actuar por toda Europa, América y Asia, ganándose la admiración de compositores como Saint-Saëns, Bruch o Wieniawski. Aunque vivió gran parte de su vida fuera de Navarra, mantuvo siempre una estrecha relación con su ciudad natal, a la que volvió en diversas ocasiones para ofrecer conciertos, y a la que legó parte de sus bienes y colecciones.
El Ayuntamiento acordó su nombramiento como Hijo Predilecto de la ciudad en febrero de 1900, y tras su muerte en Biarritz le construyó un elegante panteón en el cementerio de Pamplona. Su legado perdura hoy en el Conservatorio Pablo Sarasate.