Impresor bearnés que instaló en Pamplona en 1490 la primera imprenta de la península, lo que refleja la relevancia del Reino de Navarra en aquella época. Allí editó el Manuale Pampilonense, uno de los escasos incunables hispanos. Tras doce años en la ciudad, se trasladó a Logroño y después a Alcalá de Henares, donde imprimió la Biblia Políglota Complutense. Está considerado uno de los grandes tipógrafos del Renacimiento
De origen bearnés, Arnao Guillém de Brocar llegó a Navarra a finales del siglo XV y se convirtió en el primer impresor del reino. En 1490 instaló en Pamplona la primera imprenta conocida de la península, donde editó el Manuale Pampilonense, considerado el primer libro impreso en la ciudad y uno de los incunables más valiosos. El hecho de que la primera imprenta de la península se instalara en Pamplona da cuenta de la relevancia política y cultural que tenía entonces el Reino de Navarra.
Durante los doce años que residió en Pamplona imprimió todo tipo de obras, aunque destacó en los libros litúrgicos, que le dieron renombre y encargos de diócesis de otros territorios. En 1501 trasladó su actividad a Logroño, donde comenzó a editar las obras de Antonio de Nebrija, y más tarde fue reclamado por el cardenal Cisneros para dirigir la impresión de la monumental Biblia Políglota Complutense en Alcalá de Henares, una obra cumbre del Renacimiento hispano. Casado en Pamplona con María de Zozaya, emparentó a través de su hija con el impresor estellés Manuel de Eguía, continuador de su legado. Brocar falleció en 1523, dejando tras de sí una trayectoria que lo consagra como uno de los grandes impresores europeos de su tiempo.
