El alcalde Enrique Maya visita a la pamplonesa Damiana Samino para felicitarle por su centenario

El alcalde Enrique Maya visita a la pamplonesa Damiana Samino para felicitarle por su centenario
Le ha hecho entrega de un pañuelo de San Fermín, un alfiler con el escudo de Pamplona y un ramo de flores

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El alcalde Enrique Maya, acompañado de la concejala de Servicios Sociales, Acción Comunitaria y Deporte del Ayuntamiento de Pamplona, María Caballero, ha visitado la sede de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de San Jorge para felicitar por su cien cumpleaños a Damiana Samino Blanco, pamplonesa que reside en la capital desde hace un cuarto de siglo. Se retoma así un gesto que es habitual que los primeros ediles de Pamplona tengan con las personas centenarias de la ciudad, a las que visitan y obsequian con un pañuelo de San Fermín, un alfiler con el escudo municipal y un ramo de flores.

Pacense de nacimiento, pero pamplonesa de adopción, Damiana Samino eligió hace ya un cuarto de siglo seguir a sus hijos y trasladarse definitivamente a una tierra que le había cautivado en las visitas y viajes que había realizado hasta el momento. Su primer contacto continuado con Pamplona fue tras la boda de su hija Dami, cuando ésta se trasladó junto con su marido a vivir a Navarra. Desde entonces se hicieron habituales las visitas de la familia desde Badajoz, y tanto les gusto esta tierra que Vicenta y Luis, sus otros dos hijos, siguieron los pasos de la primera y se mudaron al norte una vez contrajeron matrimonio. Los veranos para Damiana ya no tenían otro nombre que el de Pamplona, y cuando se quedó viuda, hace ya 25 años, decidió que ésta sería en adelante su casa durante todo el año.

Era diciembre de 1921 cuando Damiana nació en Alburquerque, un municipio de la provincia de Badajoz. Allí creció y se casó con Luis, con el que tuvo a sus tres hijos. A sus cuidados, y las labores como ama de casa sumaba Damiana la ayuda a los trabajos familiares en el campo con el ganado y en los regadíos, y la regencia junto con su marido de la carnicería del pueblo. Estar en contacto diario con sus vecinos y vecinas, y su actitud amable y colaborativa con ellos le hizo ser una mujer muy querida. En tiempos en los que muy pocas personas sabían escribir y leer, ella, que sí sabía, redactaba las cartas con lo que le contaban para que la gente del pueblo pudiera estar en contacto con sus familiares. Damiana también ayudó en los partos de muchas de sus vecinas, momentos que han marcado su vida y de los que guarda muy buenos recuerdos.

Ya en Pamplona, Damiana se ha hecho querer también el barrio de San Jorge, donde vive y ha cosechado muchas amistades. Su día a día, desde hace 25 años como pamplonesa de adopción, se centra en la familia y en los amigos, con los que ahora celebra sus cien años de vida.

 

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