La Procesión

Uno de los elementos que originariamente formaban parte de las fiestas en honor a San Fermín y que unidos a otras celebraciones que se hacían a lo largo del año en Pamplona han evolucionado hasta convertirse en los Sanfermines tal y como los conocemos hoy son los actos religiosos en honor al Santo. El paso del tiempo y la propia evolución de la sociedad han propiciado que estos actos y sus connotaciones hayan ido variando y evolucionando hasta llegar a nuestros días que, aunque manteniendo su evidente carácter religioso, también son considerados acontecimientos sociales al margen de lo espiritual. Para los pamploneses y las pamplonesas, sean creyentes o no, la figura de San Fermín tiene un valor simbólico que va más allá de lo religioso. Representa un icono que, por encima de sensibilidades, despierta la simpatía y el cariño generalizado de la ciudadanía, convirtiéndolo en un elemento aglutinador con el que se identifican todas las personas.

Los Sanfermines conservan el culto al San Fermín con tres grandes ceremonias:

 

Vísperas

El primer acto religioso de las fiestas son las Vísperas cantadas en honor al Santo. Se celebran el día 6 a las 20:00 horas en la capilla de San Fermín y a ellas acude la Corporación Municipal vestida con el tradicional traje de gala; los hombres con frac, guantes y chistera y las mujeres con vestido inspirado en los trajes tradicionales de los valles de Roncal, Salazar y Aezkoa.
 

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PROCESIÓN

La Procesión es quizá una de las tradiciones más arraigadas de los Sanfermines, ya que su origen data del siglo XII. El alcalde y los concejales, vestidos de gala al igual que en las Vísperas, salen del Ayuntamiento hacia la Catedral para recoger al Cabildo, a quien le corresponde presidir la procesión en honor al Santo. Juntos se dirigen a la iglesia de San Lorenzo para recoger la talla de San Fermín y llevarla en procesión por las calles del centro durante una hora y media aproximadamente. Les acompañan la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, clarineros, maceros, txistularis, dantzaris, timbaleros, representantes de los gremios históricos, la Hermandad de la Pasión y la Congregación Mariana. Cierra la Procesión la Banda Municipal de Música La Pamplonesa. Lo más emotivo de la procesión son las pausas que se realizan durante el recorrido, en las que diferentes personas aprovechan para homenajear al Santo entonando coplas y jotas o interpretando melodías de txistu.

De vuelta a la iglesia de San Lorenzo, el arzobispo celebra la misa, después de la cual la Corporación acompaña de nuevo al Cabildo hasta la Catedral. En el atrio de la Catedral los gigantes bailan al son de txistus y gaitas, mientras suenan las campanas (destaca el sonido de la campana María y sus 12.000 kilos, la segunda más grande de España, fabricada en 1584), los clarines y La Pamplonesa, dando lugar a un espectáculo de gran belleza estética y sonido que constituye uno de los momentos más emotivos de los Sanfermines, popularmente conocido como el momentico.

Posteriormente la Corporación regresa al Ayuntamiento al son del Asombro de Damasco y los dantzaris se despiden bailando en la plaza Consistorial.

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OCTAVA

Esta misa en honor al Santo, el día 14 a las 10:45 de nuevo en la capilla de San Fermín, se viene celebrando desde 1689 y es el último acto religioso del programa oficial de las fiestas. La Corporación acude en procesión a la capilla, acompañada por los gigantes y cabezudos, la guardia municipal y La Pamplonesa. Tras el oficio religioso vuelven al Ayuntamiento.

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