Ruta por los tres burgos y las murallas

Ruta por los tres burgos

Las tres poblaciones medievales pueden servirnos de hilo conductor para conocer el patrimonio de lo que después de 1423 -Privilegio de la Unión- sería la ciudad intramuros. 

 

En torno al burgo de la Navarrería

Ubicada en el entorno de la actual Catedral, era heredera directa tanto de la Iruña vascona como de la Pompaelo romana. Al parecer, su nombre deriva de la forma que la gente de la montaña denominaba a este lugar: “naba”, cuenca en euskera, y “herria”, pueblo. Propiamente, eran los “navarros”.

Aquí se sitúa la Catedral de Santa María la Real, obra cumbre del gótico en Navarra. Debe su nombre a que en ella tenían lugar las coronaciones reales, previo juramento de los Fueros. Tras el derrumbe de la catedral románica, erigida entre 1100 y 1127, se levantó la gótica (ss. XIV-XVI), auspiciada por el monarca Carlos III el Noble. Se trata de uno de los complejos catedralicios más completos del Estado, con uno de los mejores claustros góticos de Europa. Dependencias como la cilla, la sala capitular, el refectorio y la cocina acogen y forman parte de la premiada exposición Occidens, del Museo Diocesano. En el centro de nave encontramos el imponente sepulcro en alabastro de Carlos III el Noble y Leonor de Trastámara. La catedral gótica queda enmascarada por la notable fachada neoclásica, diseñada en 1783 por el afamado Ventura Rodríguez. En su torre norte se divisa la Campana María, la más grande del Estado en uso.

Señoreando sobre el río Arga, se encuentra el Palacio de los Reyes de Navarra, mandado construir por el rey Sancho VI el Sabio en el siglo XII. Rehabilitado por Rafael Moneo, actualmente es sede del Archivo General de Navarra. Siguiendo el paseo de ronda hacia el sur, se llega a la Plaza de Santa María la Real, donde se ubicó la Judería.


En torno al burgo de San Cernin.

Este núcleo fue habitado por francos -principalmente artesanos y comerciantes- llegados gracias al Camino de Santiago. De sus murallas aún existen restos en la Belena Portalapea, donde sobreviven la Torre de Johan Caritat y proyectiles de catapulta de la Guerra de la Navarrería (1276).

Frente a la Belena se alza airosa la Iglesia de San Saturnino, que tuvo la doble función de centro religioso y defensivo. Es un edificio gótico (s.XIII) de nave única y amplias dimensiones. En el lugar donde se ubicó su claustro se levanta la capilla barroca de la Virgen del Camino. Sus torres prismáticas de 55 m. de altura dibujan el perfil más característico de Pamplona.

Al comienzo de la Calle Mayor, antiguo eje del burgo, se encuentra el Palacio del Condestable, una de las casas principales de la ciudad y declarado Bien de Interés Cultural (1997). En su primera planta, acoge el Museo Sarasate, dedicado a uno de los pamploneses más universales, con objetos, obras de arte e instrumentos musicales que el violinista donó a la ciudad.

En el corazón del Burgo se encuentra la Cámara de Comptos, único edificio de gótico civil de la ciudad. Fue sede del Tribunal de Cuentas del Reino de Navarra entre 1524 y 1836, encargado del control de las finanzas reales y de la acuñación de la moneda navarra. A ello se une, entre otras funciones, su labor de archivo, uno de los más completos sobre la Baja Edad Media en Europa.

Retornando a la Calle Mayor, encontramos el Centro de Interpretación del Camino de Santiago Ultreia y el Palacio de Ezpeleta, sin duda el mejor ejemplo de palacio barroco de la ciudad. Encargado en 1709 por los Marqueses de San Miguel de Aguayo, destaca su portada con motivos alusivos a la actividad militar de su primer propietario.

La construcción de la Iglesia de San Lorenzo se remonta a tiempos medievales, en los cuales también tuvo función defensiva con una alta torre. En su interior se encuentra la capilla de San Fermín, con el busto relicario del santo. El Museo de Navarra es parada ineludible para todo visitante. Alberga obras imprescindibles como la arqueta de Leire, el retrato del Marqués de San Adrián -Francisco de Goya- o los inigualables capiteles románicos de la antigua catedral -Maestro Esteban-, sin olvidarnos del mapa de Abauntz o de sus pinturas murales góticas. Junto al museo, en el lienzo de la muralla de la cuesta de Santo Domingo, se encuentra la hornacina de San Fermín. Se trata del lugar donde los corredores cantan al santo minutos antes de comenzar el encierro cada mañana, en las fiestas de San Fermín. 

 

En torno a la población de San Nicolás.

Su punto defensivo principal fue la Iglesia de San Nicolás. Las bóvedas y el ábside son góticos, mientras que el resto del templo es cisterciense. Su gran órgano barroco es el mejor de la ciudad. En la pequeña Plaza del Consejo se encuentra el Palacio de los Condes de Guendulain, edificado por D. Sebastián de Eslava, Virrey de Nueva Granada, a mitades del siglo XVIII. En su interior se conserva una magnífica carroza rococó de tipo berlina. Frente al palacio, se encuentra la fuente de Neptuno Niño, tal vez la más emblemática de todas las diseñadas por Paret y Alcázar con motivo de la traída de aguas a la ciudad.

Destaca también la plaza del Castillo, auténtico corazón de la ciudad. Junto a la plaza se sitúa el Palacio de Navarra -sede del Gobierno Autonómico- y el Teatro Gayarre

La fachada barroca del Ayuntamiento de Pamplona se erige en la plaza en la que se encuentra la Oficina de Turismo.

Ruta por las murallas

Tras el Privilegio de la Unión, las murallas medievales fueron cayendo en desuso. Su obsolescencia se confirmó con la conquista de Pamplona en 1512 bajo la artillería de las tropas del Duque de Alba.

En el siglo XVI, Pamplona se convierte en un puesto avanzado de la corona castellana ante Francia, por lo que habría que construir un sistema defensivo de primerísimo nivel: muros en talud aptos para soportar la moderna artillería, baluartes, revellines, contraguardias, puentes levadizos, etc. Cuenta con tres frentes: FORTÍN DE SAN BARTOLOMÉ Y FRENTE PUENTE DE LA MAGDALENA - PORTAL DE FRANCIA, FRENTES ROCHAPEA - TACONERA y FRENTE CIUDADELA.

 El Fortín de San Bartolomé supone el punto de inicio idóneo para comenzar a recorrer las murallas. Este puesto avanzado se levantó en el s. XVIII a fin de reforzar el papel defensivo de las murallas del s. XVI. Fue diseñado por Jorge Próspero de Verboom, discípulo del archiconocido ingeniero francés Vauban.

A continuación se encuentra el Baluarte de Labrit, el bastión más antiguo de todo el recinto fortificado. A su lado se sitúan el Palacio Arzobispal, el frontón Labrit y el Jito Alai.

Siguiendo el paseo del Obispo Barbazán o Ronda Barbazana hacia el norte, llegaremos al Rincón del Caballo Blanco en el Baluarte del Redín, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y mirador inmejorable sobre un sistema defensivo renacentista típico. En la década de 1960 se levantó el mesón de gusto historicista que hoy encontramos y que ha hecho que el lugar sea conocido como Rincón del Caballo Blanco. Desde el monte Ezkaba, nos vigila el Fuerte de San Cristóbal, última construcción defensiva de la ciudad y escenario de tristísimos acontecimientos en la Guerra Civil.

Por su carácter fortificado, Pamplona contaba únicamente con seis portales, que fueron erigiéndose entre los siglos XVI y XVIII. En sus fielatos de arbitrios se cobraban las tasas a los objetos de comer, beber y arder que llegaban desde extramuros. Junto al Redín encontramos el Portal de Francia o Portal de Zumalakarregi, el único de aquellos seis en su emplazamiento original. Compuesto por tres puertas, conserva su sistema de contrapesos y estructura en recodo.

Siguiendo por el paseo de ronda se llega al Palacio Real de San Pedro y Archivo General de Navarra, el cual cuenta con un nevero en el cual se almacenaba nieve mediante un cuidado sistema de capas alternas de nieve y paja (de esta actividad procede el dicho de “limpio de polvo y paja”). Esta estructura era atendida por el “nevero”, la persona que se ocupaba de recoger la nieve, transportarla hasta aquí, bajarla, apilarla, prensarla y, posteriormente proveer de hielo a quien lo solicitaba.

Más adelante, subiendo por el Portal de la Rochapea, el cual da nombre a dicho frente de muralla, hallamos el Portal Nuevo, que a pesar de haber sufrido numerosas modificaciones, es una de las entradas más espectaculares de Pamplona.

Una vez lleguemos al parque de la Taconerasituado en el Baluarte de la Taconera podremos descubrir portales a modo de arcos de triunfo, como el portal de su nombre homónimo y el Portal de San Nicolás, además del Baluarte de la Taconera. Las dos puertas restantes del recinto amurallado son el Portal de la Rochapea y el Portal de Tejería, desaparecidas a principios del siglo XX.

La fortificación de la ciudad no se vio completada, sin embargo, hasta la construcción de la Ciudadela, seguramente el mejor ejemplo de arquitectura militar del Renacimiento español. Fernando el Católico derribó el castillo medieval de Luis Hutín y construyó la Fortaleza de Santiago. No obstante, no fue hasta los reinados de Carlos I de España y Felipe II cuando el sistema defensivo renacentista pamplonés comenzó a tomar forma. La Ciudadela de Pamplona, el “muy principal castillo”, hoy pulmón verde de la ciudad y centro de arte contemporáneo Hiriartea, es la ciudadela pentagonal en pie más antigua del mundo. Fue diseñada en 1571, por orden de Felipe II, por el italiano Giacomo Palearo, el Fratín, y por el Virrey de Navarra Vespasiano Gonzaga y Colonna. No entenderá su función quien no advierta que dos de sus cinco baluartes se dirigían hacia el interior de la ciudad; como bien informaba el ingeniero Antonelli a Felipe II, “deberá servir para defenderse del peligro extrínseco, pero también intrínseco”.

Es posible acceder al interior de la plaza desde la puerta principal de la Avenida del Ejército o desde la Puerta del Socorro de forma gratuita.

 

HEMINGWAY Y LAS MURALLAS DE PAMPLONA

En la novela ‘The Sun Also Rises/Fiesta’, Hemingway hace referencia en varias ocasiones a las murallas de Pamplona. En una de ellas explica cómo los protagonistas Jake y Brett deciden salir de la multitud y dar un paseo: “Atravesamos una extensión de hierba húmeda y llegamos al parapeto de piedra de los baluartes. Al fondo del llano estaba ya oscuro, aunque aún se veían los montes. Se veían los faros de un coche por la carretera que ascendía a la montaña más próxima. En la cima vimos las luces de la fortificación militar. Juntos recorrimos el camino que atravesaba el parque... y el portalón de las murallas por el cual se entraba de nuevo en la ciudad”.

Y también se fija en las murallas cuando están en los Corralillos del Gas viendo los toros: “A lo largo de las viejas murallas y baluarte se apiñaba el gentío. Las tres líneas de fortificaciones sucesivas constituían negras hileras de gente. Sobre las murallas asomaban las cabezas de muchos otros a las ventanas de las casas”.