Historia del Camino de Santiago

Cómo y por qué comenzó la peregrinación

La tradición cuenta que Santiago el Mayor fue uno de los doce apóstoles de Cristo y que predicó las enseñanzas de su maestro por la Península Ibérica. Precisamente por haber sido el gran evangelizador de Hispania, es considerado, a día de hoy, el patrón de España. Fue enterrado cerca de un asentamiento romano llamado Iria Flavia (actual localidad de Padrón), quedando relegado al olvido hasta que, en el siglo IX, un ermitaño llamado Pelayo, avistó un campo iluminado por unas estrellas (un Campus Stellae), futura Compostela. Extrañado, avisó al obispo Teodomiro, quien acudió a analizar el fenómeno, excavando en el lugar y descubriendo la olvidada tumba del Apóstol.

Este gran descubrimiento (o como se decía en la época, esta inventio), no pasó desapercibido para la monarquía asturiana. Alfonso II, apodado el Casto, aprovechó la inventio para construir una capilla, que poco después fue transformada en templo, con el objetivo de venerar la reliquia y crear una ruta de peregrinación por el norte de la Península, que sirviera para reforzar la presencia cristiana en unos tiempos en los que el avance musulmán estaba alcanzando la cornisa cantábrica.

La popularidad de la ruta jacobea incrementó a lo largo de los siglos X y XI, llegando a su máximo esplendor durante los siglos XII y XIII. Esto hizo que se convirtiera en una meta de peregrinación cristiana tan importante como Roma o Jerusalén.

Es así como se acaba levantando la actual catedral, hito de la arquitectura románica europea, bajo los auspicios de dos obispos: Diego Peláez, iniciador de las obras, y Diego Gelmírez, su sucesor y principal impulsor. Asimismo, surgirá un núcleo urbano alrededor de la catedral, al igual que ocurrió en muchas poblaciones del Camino que se agrandarán con la venida de gentes de otros sitios atraídos por el motor económico que supuso el itinerario jacobeo.

Algunas órdenes religiosas con carácter militar se dedicaron a proteger a los peregrinos de los peligros y a limpiar los caminos de bandidos. Tal es el caso de la Orden de Malta, de los canónigos del Santo Sepulcro o de los caballeros templarios. La vocación hospitalaria, igualmente, permitió la creación de importantes hospitales para acoger a los caminantes, gracias a las sustanciosas donaciones que recibían por parte de nobles, reyes y clero.

Evolución de la peregrinación a lo largo de los años

Ya hemos visto que los siglos X, XI, XII y XIII constituyeron la época dorada de la peregrinación a Santiago. Pero, a partir de ese momento, la situación fue evolucionando hacia un paulatino declive, aunque las peregrinaciones nunca llegaron a desaparecer por completo. Los principales motivos de este descenso fueron: el Cisma de Occidente en 1378, la peste negra y las carestías que asolaron la Europa de los siglos XIV y XV, la Reforma protestante y –en consecuencia- la inestabilidad de las Guerras de Religión del siglo XVI y las ansias de aventura generadas por los viajes comerciales con las Indias. 

Si damos un salto en el tiempo, y nos vamos al año 1884, vemos cómo cuando el Papa León XIII promulgó la Bula “Deus Omnipotens”, certificando que las reliquias de Santiago eran auténticas, se produjo un nuevo auge de la peregrinación. Así es como llegamos a los últimos 30 años, en los que las cifras de caminantes que se dirigen a Compostela no han hecho más que aumentar exponencialmente. Además, los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI dieron un impulso definitivo en los años 1982, 1989 y 2010 al visitar personalmente la ciudad compostelana. Un buen ejemplo de ello son las estadísticas: en 1985 llegaron a Santiago 1.245 peregrinos, mientras que 25 años más tarde, en 2010, la afluencia aumentó a 272.703 romeros.

No obstante, y al margen de la motivación religiosa, hoy en día hay mucha gente que se embarca en esta aventura por otros motivos, como pueden ser: el turismo cultural, vivir una experiencia diferente, conocer gente, la búsqueda de espiritualidad, hacer deporte (caminando, en bicicleta o a caballo), ver mundo, saborear nuevos productos gastronómicos, encontrarse a uno mismo y desconectar del estrés cotidiano. Y, para los extranjeros en concreto, conocer este rincón de Europa de una forma no convencional. Todas estas razones han llevado a que los peregrinos extranjeros ya hayan superado a los nacionales, consiguiendo una proyección internacional inimaginable siglos atrás.

Por último, cabe destacar que, instituciones de la talla del Parlamento Europeo y la UNESCO, han designado la peregrinación a Santiago como Primer Itinerario Cultural Europeo y Patrimonio de la Humanidad, respectivamente.

Los reyes que modificaron los diferentes recorridos del Camino

Cuando pensamos en el Camino de Santiago, a menudo nuestra memoria nos transporta a la ruta más popular: el Camino Francés. Pero conforme uno va investigando, va descubriendo que existen otras muchas rutas, cada una adoptada por cada peregrino según su procedencia.

Esto nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿Fue siempre este Camino Francés la ruta principal?

La respuesta, curiosamente, es negativa. Hasta el siglo XI, el Camino transcurría por otras localidades de Navarra, como son Irurtzun, Uharte-Arakil, Salvatierra/Agurain, Vitoria-Gasteiz y Miranda de Ebro (estas tres últimas también eran navarras en aquella época).

Con la expansión de los reinos cristianos hacia el sur, se fue ganando territorio a los musulmanes, conquista que se aprovechó para modificar la ruta jacobea y asentar población cristiana y dominio político en estas zonas. Así, el monarca navarro Sancho III el Mayor, desvió el itinerario por Puente la Reina, Estella, Viana, Logroño, Nájera y Santo Domingo de la Calzada, conformando el –ahora ya milenario- Camino Francés.

Pero Sancho III el Mayor no actuó solo. Alfonso VI de León y Sancho I Ramírez de Aragón y Pamplona contribuyeron con este gran impulso.

Estos reyes cristianos no solo mejoraron la infraestructura a base de fundar y levantar centros monásticos, hospitales para peregrinos, construcción de puentes y reparación de caminos, sino que también anularon ciertas exigencias fiscales (supresión de portazgos y pontazgos) y velaron por la seguridad en el Camino. Además, estos reyes otorgaron fueros y privilegios a nuevos pobladores procedentes de toda Europa para asentarse en el Camino.

Por último, mencionar que un monje francés, llamado Aymeric Picaud, peregrinó hasta Compostela alrededor de los años 1140-1160 y, por encargo del Papa Calixto II, escribió el Códice Calixtino o Codex Calixtinus.

Es la primera guía del Camino de Santiago y, en ella, Picaud refleja las experiencias que vivió a su paso por los diferentes territorios que atraviesa el Camino Francés. Algunas de ellas son descripciones muy interesantes y otras sumamente divertidas, como el episodio que narra sobre los navarros.